Xara

Vamos a dejar que los rayos del sol iluminen este texto…

A buen seguro conocéis la sensación, debida, tal vez, al despertar a destiempo que queda impregnado el resto del día de aquello que soñabas… imposible de quitártelo de encima, como un mal chubasquero empapado, como una desilusión colmada… Las imágenes se quedan en la memoria, se resisten y se repiten hagas lo que hagas, vayas donde vayas… Hasta acostarte y soñar de nuevo. Si hay suerte lo retomarás donde lo dejaste y si no, que es lo que generalmente pasa, respirarás el aire de otro sueño, dejando este en la caja negra del olvido, cubriéndose de polvo, marchitando con el cansino paso del tiempo, que en lo onírico, nadie aún ha medido. Sin embargo, en la historia de tu vida quedará un día marcado para siempre por ese sueño no soñado, no terminado de soñar, incumplido e incompleto. Quedará un día de tu vida pintado del color de dos cielos, dos lugares entremezclados de la rara manera en que se mezcla el agua y el aceite, uno flotando sobre el otro, otorgándole color y sabor añejo, sabor y lo que es más importante, un sentimiento real y ácido de querer regresar pagando el peaje de despertar en mal momento.

Esta no es más que la historia de uno de esos días. O uno de esos sueños. Tal vez ambas cosas.

Extraño. Esa es la palabra que llevo rato buscando. Me siento extraño. Desnudo, sentado en una enorme cama que no es la mía, pero que así considero, sin reconocer ni los colores del edredón ni las sábanas que me cubren de cintura para abajo, pero siendo míos, recordando haberlos puesto. Una cama de una amplitud considerable. Tampoco es mía, pero no recuerdo haber dormido en otro sitio durante años… ni la habitación, ni ese espejo encima de un tresillo, ni el armario al lado de la enorme puerta que, delante de mi, no puedo dejar de mirar, como si el vacio del otro lado, como si esa oscuridad, me fuese a tragar de un momento a otro.

Detecto vida a ese otro lado, una densidad del aire desconocida aunque familiar entra por el marco de la puerta anegando de un dulce aroma cada esquina que miro. Escucho el último aliento del agua de una ducha cayendo… una respiración, un suspiro, un susurro y unos pasos templados recorriendo el pasillo, rompiendo como un grito el silencio la oscuridad del otro lado… Un gemido ahogado con nombre de mujer explota en mis retinas vestida con albornoz rosa, preciosa, de rubio pelo mojado, sonrisa de dibujos animados y figura de revista… “Xara”, me dicen mis cinco sentidos y aunque juraría no haberla visto nunca, también me jugaría el cuello diciendo que siempre la he amado.

Extraño.

– ¿Qué estás mirando jovenzuelo? ¿Ya te has acostado? – dice ella mientras seca minuciosamente cada mechón de su larga melena frente al espejo de la puerta del armario. Pero ¿quién demonios es? ¿por qué se le ilumina la mirada al verme? ¿de dónde ha salido? Caen gotas de agua en el suelo, las mira y seca disimuladamente con la planta de su pie derecho, enseñando una cómplice sonrisa, girando su largo cuello para mantener sus ojos sobre mi más tiempo, como quien mira fascinado un cuadro ella me mira, sin dejar caer la toalla… me mira y la miro, como quien descubre que en unos ojos de mirada limpia puede caber todo su mundo.

Xara y yo llevamos casi doce años juntos, los hacemos en Junio, el dia uno. Nos conocimos en un curso de postgradro en la facultad de periodismo por mera casualidad, nadie estaba sentado a su lado y mi enfermiza impuntualidad me regaló ser quien ocupase, ya para siempre, el hueco que había a su lado. Tras los exámenes quedamos con el resto de un pequeño grupo para celebrarlo y ella, que no era ni mucho menos de las que se acuestan con alguien en la primera cita, hizo una excepción conmigo, a las cinco de la mañana, en el Paseo del Prado, 27, bajo. Al año siquiente viajamos a Egipto y delante de un matrimonio inglés muy simpático le puse un anillo alrederor de su dedo provocando los aplausos de medio hotel. Un año después de ese día, nos casamos en una pequeña ermita de una aldea de Soria, llevando dos testigos y al matrimonio inglés, bajo una tormenta típica de verano y un fotógrafo de 20 euros la hora. Dos años después estuvimos cuatro meses alejados por culpa de mi trabajo como corresponsal en Italia y desde entonces hasta hoy, hasta este mismo minuto en que la veo embadurnarse de crema hidratante las manos, no he vuelto a separarme de ella, ni un minuto se ha separado mi pensamiento de esa espalda húmeda ni de ese reflejo empañado ¿Cómo sé todo esto si aún miro con desconfianza las fotos de la mesilla de al lado? Ni lo sé ni ya me importa, deja caer al suelo el abornoz, sonriendo más aun al espejo, saludando perspicaz con la mano antes de ponerse una camiseta blanca hasta los muslos y gateando por el colchon besándome sutilmente los labios mientras escruta la repentima timidez de mi gesto embobado.

– ¿Se puede saber que te pasa esta noche?

– N… nada.

– Ya, pues… no dejes de hacerlo.

– ¿De hacer qué?

– De mirarme como si nunca antes me habrías visto, me gusta.

– Tal vez sea porque jamás te he visto – sonrío y sonríe, acercando su boca a la mía a cámara lenta.

– Ya pues… que no se te vuelva a olvidar mi cara pequeño…

– Trato hecho – … y la beso como si tampoco nunca la hubiese besado.

Xara me hace el amor de manera diferente cada vez. Hay días en plan salvaje que me agota y otros en que puede estar besándome una  hora antes de tocarme el cuello, señal inequívoca en ella de que me desea. Repite constantemente “soy tuya, soy tuya”, “mi cuerpo es tuyo”, “que bueno amor” y alguna cosa más que me dejo para los ratos sueltos. No deja nada de ella fuera de la cama, se da toda y toda la recibo. Jamás tuve entre mis brazos curvas tan hermosas como las de Xara y su cadera cadenciosa. Jamás labios tan ardientes recorrieron mi cuerpo, ni manos de trazos tan suaves me hicieron estremecer antes. Un lunar destacaba a centímetro y medio de su ombligo y le gustaba que se lo acariciase mientras, recostada y rendida, se abrazaba a mi como quien abraza por última vez… o primera…

– Sabes que te quiero ¿verdad?

– Claro…

No era la respuesta que Xara esperaba.

– ¿Claro? a ti te pasa algo… ¿me lo vas a contar o tendré que adivinarlo? me empiezas a preocupar.

– Xara…

– Si…

– Eh… ¿por qué? ¿ por qué me quieres? si no soy especial, si no tengo un cuerpo musculado, si hasta este mismo momento… vivía sumido en la oscuridad… y estaba encantado de hacerlo…

Xara torció el gesto. Levantó su cabeza apoyándose sobre los codos, sin soltarme la mano y clavándome la mirada, con el tempo perfecto de un metrónomo afinado, reparó en cada sombra de duda que me asaltaba el ánimo. Sentí cómo podía leer mi alma, párrafo a párrafo, lentamente, sin soltar palabra. Enseguida se dio cuenta de que quien estaba con ella no era yo, al menos el yo con quien desayunaba cada mañana.

– Te quise desde el día que te vi entrar por la puerta en clase. Desde el momento en que me sonreiste apurado. Aquel día todo el mundo estaba tan distante… que decidí sentarme sola, sin plantearme volver al día siguiente y apareces tú, tarde como siempre, con ese pelo despeinado y te quise. Estuve todo el curso prendada de ti. Cada día me levantaba solo porque sabía que iba a verte. Cada noche me acostaba con tus notas al margen escritas en mis apuntes. Cada fin de semana soñaba con una primera cita contigo. Hasta que te tuve. Desde entonces llevo prenguntándome cómo pude vivir tantos años sin ti. Sin tus bobadas a destiempo, sin tus salidas de tono, sin tus dibujos en el espejo del baño, sin tu arroz caldoso, sin las películas de media noche, sin tus caricias y abrazos… ¿Cómo pude pasar un solo día sabiendo que existías y no estar a tu lado? Dímelo tú, díme por qué eres como eres, díme por qué me pediste que me casara contigo en medio del desierto, o por qué sigues con tu manía de cocinar los sábados… díme qué he hecho yo para saber que no puedo estar en otros brazos que no sean tus brazos, ni puedo imaginar besar una boca que no sea tu boca… ¿acaso soy especial yo? ¿acaso soy modelo? ¿acaso no he estado insoportable hasta para mi misma? si no sé cómo sigues a mi lado, si me lo pregunto todos los días… si tengo miedo de envejecer y no me desees… si tengo celos del champú que utilizas… si envidio tu corbata, siempre colgada de tu cuello… Te sé, te conozco y reconozco y lo hice nada más mirarte, como te miro ahora… te amo ¿acaso es tan difícil que esto pase entre dos personas? siempre me estás hablando de amor eterno y del destino y me miras como si nunca te hubiese escuchado… Soy yo… Xara, aunque podría llamarme de cualquier otra forma, tener otro color de pelo, ser más alta… y tù eres tú, podrías ser Gerald Butler pero no, eres tú y a ti no te he encontrado en otra persona. No hay nadie más especial mi amor… soy tuya, siempre seré tuya, siempre nosotros…

Un largo silencio se adueñó del momento. Tengo millones de defectos, incontables al ojo humano, pero no soy tonto. De pronto todo cobró sentido: las sábanas, el armario, las fotos, su pelo, su voz… Por un momento me lo creí y juro que de verdad estuve a punto de hacerlo. Tan mayorcito y tan iluso… aún me zancadilleo cuando me pillo desprevenido, aun me martirizo con el olor de su piel, todavía me acuchillo a traición por la espalda. Miré cómo sus dedos enlazaban perfectamente con los míos y todo atisbo de duda quedó aniquilado. No tuve más remedio que decirselo.

– Ya… pero has olvidado un pequeño detalle en tu discurso.

– ¿Cuál?

– No eres real.

Las lágrimas asolaron el rostro de Xara.

– Ven aquí… no pasa nada… ven… – sin consuelo, se abrazó con fuerza a mi, empapando mi pecho, moviendo la cabeza de lado a lado, buscando encajar en el hueco entre mi cuello y mi soledad, ese lugar al que, en sueños, aún recurro con demasiada asiduidad – tranquila… no llores…

– Lo siento… – alcanzó a gemir…

– Yo más…

389779_212101305535880_100002080379244_467220_165880901_n

Hay días que despertando sin haber tenido que despertar te quedas anclado en un sueño y ese día lo arrastras por el fondo de tu mundo llevándolo contigo a cada paso que das. Xara merecía ser rescatada. Merecía el sueño ser soñado. Tantos años juntos para acabar siendo el difuso recuerdo de una noche de automutilación emocional. Por justicia, al  menos, le di cuerpo entre líneas de madrugada. Quién sabe, tal vez un día corrija cada palabra y la convierta en una historia digna, literariamente hablando.

Por cierto, si estas por ahí, sería un placer invitarte a un paseo. Tal vez en el del Prado.

MANU THE CROW

P.D: “Xara” nació de la inspiración que me regalaron las deliciosas horas transcurridas escuchando el disco “Scenes from a memory” de Dream Theater. Thank you John…

¿Cómo pude pasar un solo día sabiendo que existías y no estar a tu lado?
Anuncios

7 comentarios

  1. Xara, mi dulce Xara, mi perfecta Xara, mi soñada Xara, nunca salgas de mis sueños para tenerte siempre a mi lado, ni yo viviré fuera de ellos para compartir mi tiempo contigo… precioso, perfecto, exquisito ¿delirio lo has llamado?, no se si es un delirio, se que es imposible leerte sin que el corazón palpite con fuerza e intente salirse del pecho, pero que triste cuento, por estar con ella soñaba… para soñar tenia que dormir incluso despieto y no pudo ir donde Xara le esperaba… soñándole, por supuesto, ella a él… echaba de menos leerte, miles de besosssssssss

    3 enero, 2013 en 23:15

  2. Me ha emocionado la historia. Todos tenemos a un sueño, que es perfecto, que nos acompaña desde siempre, diciendonos que somos especiales… me ha gustado mucho, volver a tener en ni buzón de entrada un post tuyo… hacía muchas muchas lunas… Un abrazo.

    4 enero, 2013 en 7:36

    • Mil gracias. Espero q no sea el último correo con un post mío. Y si, demasiadas lunas. Q bonita manera de medir el tiempo…

      4 enero, 2013 en 21:22

  3. Lo primero es lo primero… Hola! 🙂 Estoy encantada de saberte otra vez por aqui!!!! No nos volveras a abandonar, verdad? Vale, no te agobies jejejeje lo importante es que hoy estas!
    El relato, fantastico! me ha gustado mucho. Quizás porque todos soñamos con una felicidad asi… con un mundo utópico…
    Un beso querido Manu!

    4 enero, 2013 en 18:11

    • Nieves, mi endemoniada favorita… Aún paseas bajo la lluvia de este sitio? No te echo de menos, te veo en otros rincones, pero déjame agradecerte de corazón que hayas perdido un minuto en dejarme un comentario. Te quiero mucho, lo sabes…

      Aprovecho para regalar una sonrisa de complicidad a toda esa gente, que es mucha, que también ha leído a Xara y no ha comentado, por las razones que sean. Y a quien lo ha hecho en privado. Gracias.

      5 enero, 2013 en 12:22

  4. Precioso texto, y preciosa fotografía, perfectamente elegida para la belleza que has escrito. Besos
    Ana

    11 enero, 2013 en 14:06

  5. carmetaparalosamigos

    Realmente hermoso post, felicidades Manu

    30 enero, 2014 en 7:42

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s