Raquel, o los ojos perfectos.

La ELLA de mi categoría ELLA, se llama Raquel… A mi parecer… humilde y noctambulo parecer, tiene nombre con olor a flores, pelo liso de todos los colores, sonrisa letal en todas las ocasiones en que sonríe, si de verdad tienes la enorme suerte de que Raquel te sonría, todas las veces.

Raquel era mi nombre. Al menos es el que tenían pensado mis primerizos progenitores en caso de que hubiese nacido del sexo contrario. Como me gusta eso de llevar la contraria, nací sonriente, pero niño… y Manuel que me encasquetaron. Pero mi parte de Raquel, la más lista, práctica y racional se refleja en el espejo cuando simulo estar bien sin estarlo. Raquel es experta en esconder sus sentimientos ante la gente, luego, en la tenua luz de su dolor, llora mares de esos en los que darías tu vida por bañarte. Hay quien ha hecho mucho daño a Raquel, pues bien, sólo tengo un pequeño deseo, que el infierno se cebe con el.

Raquel vive en dos mundos, en ese donde si o si hay que tener los pies en el suelo y girar mientras el maldito mundo gira y otro en que cierra sus ojos, abre los brazos y se eleva hacia las nubes, lejos, lejos… bien sabe ella como tocar el cielo con la yema de los dedos. Bien sabe llevarte entre lunas y estrellas donde nadie ha pisado jamás antes. Ojo, Raquel no tiene dobleces, o te quedas ahí con ella, o caes, como mil corazones de plomo, donde más o menos me dejo caer a mi.

Si te mira, pierdes, si pasa a tu lado, pierdes, si hueles su pelo, pierdes… si te dice te quiero, mueres. ¿A qué más puedo aspirar que oírla decirme eso? Dibuja caricias con el talento de un pintor frente a un lienzo en blanco, perdida en ese mundo que es para ella su habitación, colgada de un hilo de voz, recostada sobre ti, contando las veces que te palpita el corazón… silenciosa, atenta al máximo, a sabiendas, de que cada palpito ya siempre tendrá su nombre. Este o no este, se llame como se llame.

Raquel es una contradicción en si misma, tal vez por ello necesite de quien la Oriente, pues siempre pide consejos que luego nunca toma en cuenta. Mil millones de caras me habré cruzado por las aceras y sigo buscando la suya. Raquel se da entera, no entiende eso del amor sin morir por dentro cuando surge la magia de unos labios buscando los suyos. Nunca olvidas su primer beso. Tampoco el último, aunque este rezas cada día por que no llegue y si lo hace… puede que algún día te veas frente a un teclado repasando con el indice la forma perfecta de su cara pegada a tu pecho.

Dicen que Raquel olvida pero no es verdad, ella sólo se protege de los pensamientos que no la dejan avanzar. Luego tiene muchas de esas noches que pasa mirando por la ventana preguntándose si… si… y si… Porque Raquel en el fondo necesita que la abracen y si no tiene quien lo haga, vuelve al pasado a recordar cuando era el sol y yo, la tierra con mi luna siempre dispuesta a iluminar sus noches.

Raquel sonríe, tanto que es incapaz de reprimir lágrimas de felicidad. Es fiel, y si llegase a no serlo, se mortificaría por ello. Regala su caminar con la cara tapada con su pelo aunque no te quiera ver.

Raquel respira en este mismo instante en que yo lo hago.

Fue una tarde lluviosa en un cementerio de un pueblo sin nombre cuando la vi por última vez. Yo cambiaba las flores de mis abuelos y ella velaba postrada sobre el mármol a su madre.
Hacia años que no me dirigia la palabra hasta que el diluvio universal cayó sobre nuestros rezos. Sólo yo llevaba paraguas y al taparla, cogió la parte del paraguas que tenía cogida yo, rozandonos de nuevo esa piel que conocíamos a la perfección el uno del otro.
En una tejabana, lloviendo sin piedad y en silencio, fui colocando su mojado pelo tras su oreja, mechón tras mechón… sin apartar la mirada de sus ojos cerrados… No tuvo valor para soltarme, y yo no lo tuve para nombrarla al oído, un susurro siquiera… nada…

Cuando la lluvia descanso, cuando Dios terminó de darme esa última oportunidad, aún nos quedamos así. Yo tocando su pelo, ella acariciando mi mano y sin mirarnos. Dos sombras en media de una carretera de arena embarrada.
La música que oíamos cuando estábamos juntos comenzó a bajar de volumen… las nubes se retiraban decepcionadas y sólo el sonido de una gota de la tejabana,caía ya, sobre el paraguas.

Raquel me miro, y morí. Me recoloco uno de mis mechones y se fue de aquel paraguas en el que habría pasado el resto de mi vida.

Hoy, cuando ya cuento por años ese día, sigo sin entender por que no dije nada. Tal vez es que a Raquel, a todas las Raqueles, incluso a las Raqueles que se llaman Marisoles… Hay que recordarlas como son. Auténticos regalos divinos que tuve la suerte de encontrar bajo mi árbol de Navidad.

Pese a que siempre las deje con el papel de regalo puesto.

hay un hombre tocando el violín y las cuerdas de son los nervios de su propio brazo

Ese, debo ser yo.

Feliz cumpleaños, una vez más mirando desde la colina como el viento mueve tu pelo en la orilla del mar.

2013-07-08 21.15.26

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7 comentarios

  1. Un buen relato como siempre… escribiras ahora o desapareceras otro puñado de meses?
    Como sea es un gusto leerte! Un beso infernal Querido Manu

    21 agosto, 2013 en 15:48

    • Pues esa pregunta me la hago todos los días. Pero no dudes que aunque no deje palabras tiradas por el suelo, leo todas aquellas que dejáis vosotras 😉

      21 agosto, 2013 en 15:52

  2. Sabes….
    Cuando empecé a leer….me despistó Raquel…y pensé …me he equivocado…pero la proximidad de la fecha….
    Cierro los ojos….y guardo silencio….

    Pase lo que pase….no dejes que la magia que tienen tus dedos siervos de tu corazón y de tu talento….quede abandonada…..
    Volveré siempre que suene la campanilla de tu puerta…
    Un abrazo como siempre dentro…mis besos con alas

    21 agosto, 2013 en 23:31

    • Mi querida y siempre acertada Leha, cuantas veces me pedís que siga dando vida a mis letras y cuantas veces siguen siendo las mismas escritas de diferente manera.
      Esta vez era un homenaje a una Raquel muy especial que vi su foto hace poco, pero con el aroma en cada párrafo de Linda y su cumpleaños. Fechas que siguen doliendo tanto que me es imposible negar otra cosa.
      Una vez escribí a modo de terapia un adiós a Linda… pues no ha servido de nada. He estado en Formentera su isla, y lleve todas sus fotos. No me despego, no se hacerlo.

      Así qué… escribir más de lo mismo? Si acaso recurriré a la inventiva.

      Lo q si agradezco y no sabes como, es tenerte conmigo, a mi lado, después de tanto tiempo. No encuentro palabras para agradecer las tuyas. Eres muy especial…

      22 agosto, 2013 en 12:34

  3. lagaviotaconamor

    Discúlpame si molesto, no es mi intención…pero el cariño que le tenía a Marisol, me ha llevado hasta aquí, a darte las gracias por recordarla y como no el día de su cumpleaños, siempre estará en nuestros corazones, porqué era un ángel y jamás olvidaré su bella voz y sus ánimos, siempre presentes hacia mi persona y ese cariño que me daba cuando me decía Carmencita, que tú vales mucho!!
    Un fuerte abrazo para todo el que la recuerde con cariño.
    Feliz domingo Manu

    13 octubre, 2013 en 8:24

  4. Creí ver la silueta de tu sombra en mi puerta….
    Me llegué hasta aquí para decirte que no te olvido…
    Mis besos se quedan agitando sus alas….

    23 enero, 2014 en 22:31

  5. Raquel…nombre con olor a flores, pelo liso de todos los colores y sonrisa que fulmina cada vez que me mira…es perfecto, una descripción ideal y bonita para esa personita que hace que cada mañana me levante con una sonrisa en la cara…

    Cuánto tiempo…sin entrar…sin estar…
    Besos Manu…bajo tu lluvia…

    4 marzo, 2014 en 0:36

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